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miércoles, 26 de junio de 2013

LA BREVE HISTORIA DE UN AMOR QUE NO SUPERÓ LOS LÍMITES DE UN BESO.

Todo son pequeñas historias de amor. Unos cruzan puentes, otros cogen aviones y algunos conducen durante horas. 

Un día te levantas y encuentras una dulce melodía acariciándote la piel. Qué menos que bailarla. La bailas sin parar: mientras cocinas, mientras te duchas e incluso mientras duermes. Todo lo relacionas con ese dulce ir y venir de sonidos. Decides arreglarte y aquel que puso la aguja del tocadiscos en el surco adecuado llama a tu puerta. 

Miras inquieta por la mirilla y esbozas una sonrisa inevitablemente enamoradiza. Le abres entusiasmada y se queda ensimismado con tus labios rojos. De su chaqueta saca unas partituras. Sin duda alguna son de vuestra melodía. Las guardarás como tu mayor tesoro. Te coge la mano y te saca de allí. 

La breve historia de un amor que no superó los límites de los besos
Continúa con el paseo londinense a la luz de la ciudad. Andáis por sus calles agarrados de la mano y llegáis al cine. Te acurrucas sobre su hombro. Es increíble que un abrazo pueda significar tanto. A la salida de la sala te regala una rosa. Es la primera vez que lo hacen. ¿Qué debes hacer? ¿Le besas? ¿Le abrazas? No puedes. Te ha entrado el pánico. Te levanta el ala del sombrero para verte los ojos. No encuentra más que miedo. "No puedo", te repites una y otra vez. "No puedo, no puedo". Tus piernas se accionan en dirección contraria a sus labios. Llegas a tu puerta, entras dando un portazo. Vas al baño y te miras en el espejo sin evitar culparte. Lloras sin parar. Te sientes ridículamente pequeña, minúscula, tanto que no sientes nada. Tanto, que no te puedes sentir.

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