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miércoles, 31 de julio de 2013

RINCONES

En cada rincón tenía su historia. Cada uno significaba una cosa. En el garito de Huertas, aquel con una pequeña puerta, el de siempre, fue donde primero se besaron. En la Plaza de Oriente donde primero se dieron la mano. El museo del Prado en el único sitio en el que consiguieron no dirigirse una palabra. En el Retiro se tiraron horas tumbados en el césped. En el metro, ella gritaba y hacía el tonto y él, tímido, miraba hacia otro lado. Pero el mirador de Callao era suyo y de nadie más, es donde se enamoró de Madrid.

Los misterios de cada ciudad.

¡ABRA CADABRA!

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